
“De la abundancia del corazón habla la boca”
Si mi lenguaje está lleno de impurezas, de violencia verbal, de desprecio, ¿cómo puede estar mi corazón?
Si mi lenguaje no reconoce a los otros con sus nombres, y en su lugar uso apodos, giros de moda (“¡Eh, tú, pelao!”, “¿Qué pasa mar...?”). Si mi trato usa la distancia de las funciones: Licenciado, Profe, Doctor,... podré ser muy cortés o muy grosero en uno de los dos casos, pero... ¿mi corazón se abre a limpiamente al otro en cada encuentro?
Hoy vamos a hacer una cura lingüística. Es una técnica experimental de cierto riesgo. Puedo cambiar solo por fuera y terminar con un síndrome agudo de hipocresía. Pero puede tener éxito, y que el cambio exterior del lenguaje suscite y desate un cambio interior del corazón.
Voy a cuidar mi lenguaje. Voy a limpiarlo de violencia y de groserías.
Pero también lo voy a limpiar de términos distanciadores como los títulos y las funciones.
Y también voy a eliminar las palabras genéricas que usamos los jóvenes y sirven para todo, y al final nos dejan tan pobres para lo importante: ¡super! ¡chévere! ¡calidad! ¡de que te c...!.
Limpiaré mi lenguaje, con la esperanza de que se limpie así mi corazón.